Presentación

La existencia del campo petrolífero ha sugerido la creación de un Museo del Petróleo en la localidad de Sargentes de La Lora, donde se pueda dar a conocer los 50 años de historia, además de trasmitir a los visitantes todo lo relacionado con el petróleo, su geología, industria y derivados.

El proyecto, con una inversión superior a a los 80.000€ que el consistorio afrontó en solitario, es una clara apuesta de futuro por la promoción de la comarca y la creación de empleo.

De entre los ambiciosos objetivos de este nuevo Museo del Petroleo cabría destacar:

  1. Difundir la historia del campo petrolífero de ayoluengo.
  2. Transmitir conocimientos sobre el petróleo a visitantes y escolares.
  3. Impulsar el turismo de la comarca y sus alrededores.
Vista exterior
Vista exterior
Vista Interior del Museo
Vista interior

Historia del petróleo en Burgos y el yacimiento de La Lora

Nodo 548: El hallazgo del yacimiento petrolífero de Ayoluengo (Burgos)

Desde comienzos del siglo XX la provincia de Burgos fue testigo de numerosos intentos de encontrar petróleo en su subsuelo. Por sus características geológicas era sin duda una firme candidata al éxito, como atestigua el hecho de que el 90% de las prospecciones realizadas en Castilla León se realizaran en la provincia.

Fruto de estos esfuerzos sería el descubrimiento de petróleo en la Lora, primero y único en tierra de la península Ibérica, el cual permanece actualmente en funcionamiento .

Han pasado ya 50 años desde aquel primer éxito y aunque el futuro no trajo la riqueza que muchos esperaban, la historia de la búsqueda (y hallazgo) del petróleo en Burgos es sin duda una historia singular que merece la pena recordar.

La zona norte de Burgos presentaba, por su pasado geológico, a ojos de los prospectores un claro potencial en la búsqueda de petróleo. El origen marino de esta zona y la existencia de trampas estructurales del terreno de tipo anticlinal mayoritariamente (aunque con falta de cierre y por tanto sin bolsas de crudo, como se descubriría posteriormente), anticipaban grandes posibilidades de éxito que era necesario explotar.

En 1900 comienza una primera exploración con dos pozos en Huidobro, zona con presencia de arenas asfálticas. Dichos pozos, de 40 y 500 metros de profundidad arrojarían los primeros indicios de la presencia del petróleo.

Durante los años veinte del pasado siglo, las prospecciones se intensificarían por parte de diferentes compañías. Los sondeos de Ozane, Cubillo del Rojo o Robredo Ahedo no terminarían de dar los resultados esperados a pesar del trabajo de diversos personajes como Rufino Duque por promover el interés de las autoridades por el futuro petrolífero de la zona.

No traería la década de los treinta mayores alegrías y los intentos, generalmente protagonizados por inversores privados, denotarían cierta inconsistencia en su planteamiento, fruto quizá de un todavía pobre conocimiento de la estructura geológica del subsuelo.

Tras la Guerra Civil y forzados por el aislamiento internacional que traería el alineamiento del régimen con las potencias del Eje en la Segunda Guerra Mundial, la iniciativa vendría de la mano de sector público. Aún cuando existía un interés claro en la búsqueda de un petróleo que ayudara a sostener un régimen autárquico, será esta misma pobreza y falta de recursos de los primeros años de la posguerra la que deje los intentos en poco más que anécdóticos.

El balance de esta etapa, hasta 1953, será de únicamente siete sondeos, de los que cinco aportarían indicios de petróleo.

El deshielo de las relaciones internacionales, en especial con EEUU, traería un nuevo impulso a las prospecciones de petróleo en la provincia de Burgos.

Dos empresas de participación pública, CAMPSA y Valdebro; dos españolas de capital privado, CIEPSA y COPISA y posteriormente la norteamericana Amoseas (gracias a la Ley de Hidrocarburos de 1958, que liberalizaría el sector) se lanzaron a la búsqueda del oro negro.

La entrada de tecnología extranjera, tanto para la prospección como para la realización de estudios geológicos, disparará el ritmo de prospecciones hasta casi cuatro por año. La profundidad de los sondeos es sustancialmente mayor, llegándose a los 3.390 en el sondeo de Valdelucio. Finalmente, los esfuerzos dan recompensa: el 6 de junio de 1964, a las 11:45, el petróleo surge en el pozo de Ayoluengo-1 desatando la alegría no sólo en la provincia sino en toda España.

A finales del mismo año el mismo Diario de Burgos titulaba en primera página:”El Ministerio de Industria informa al Gobierno de que el campo petrolífero de Ayoluengo puede ser de estimable importancia”.

La realización de sondeos prosigue en años posteriores con mayor intensidad, de la mano sobre todo de AMOSPAIN, la cual copa tanto los sondeos de exploración como los de explotación realizados en el campo de Ayoluengo.

Con la prometida riqueza llegan las primeras quejas, la idea de construir una refinería en Vizcaya para procesar la futura producción petrolífera topa con las protestas de quienes creen que se les quiere arrebatar la ansiada riqueza. No sólo aparecen pintadas y pancartas reclamando una refinería en Castilla, sino que el mismísimo arzobispo de Zaragoza declarará que despojar a Castilla de la riqueza que aún se piensa que esconde su subsuelo “constituye un abuso de poder del capitalismo bancario”.

Sin embargo, dos factores habrán de echar por tierra las ilusiones depositadas en el yacimiento burgalés:

  • Los análisis del crudo hechos en la refinería de Escombreras confirma que su alto contenido en vanadio impide su destilación.
  • Las prospecciones, que han cubierto ya todos los puntos prometedores de la provincia, confirman que el campo de Ayoluengo es la anécdota y no la norma. No hay en Burgos ese gran mar de petróleo que se prometía.

Ante la realidad, las prospecciones decaen de forma importante en años posteriores. En la década de los setenta, en plena crisis energética, únicamente se harán 14 sondeos.

Las décadas posteriores confirmarán que nadie espera encontrar riqueza petrolífera en la zona, 20 sondeos en los ochenta y 3 en los noventa darán por concluida la aventura de lo que algunos, en pleno éxtasis, llegaron a pronosticar que sería el “nuevo Oklahoma español”.

Como explica el profesor Francisco J. Ayala-Carcedo, la clave de la muy modesta productividad del campo petrolífero, a pesar de los positivos pronósticos iniciales, radica en la historia geológica de la montaña burgalesa.

A pesar de la existencia de roca madre petrolífera, ésta no estaba tan desarrollada como se pensó en un principio. Por otro lado la elevación del terreno durante el Jurásico dejó al descubierto las rocas y el tiempo y la erosión llevó a que los yacimientos se erosionaran o migraran a la superficie, desapareciendo. Quedó así el campo de Ayoluengo como un ejemplo singular de lo que podría haber sido, pero poco más.

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