Ayoluengo

Información general

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La pequeña localidad de Ayoluengo, en la Lora, comienza su historia documentada en en el siglo XII, se trata de un pergamino conservado en la colegiata de San Miguel de Aguilar de Campoo, y en el que queda reflejada la donación que hizo el monarca Alfonso VII al abad del Monasterio de San Martín de Escalada de los pueblos de Ayoluengo y Quintanilla Escalada. No vuelve a aparecer el nombre de Ayoluengo en ningún documento hasta el año 1352, cuando en el Becerro de las Behetrías de Castilla se afirma que “este lugar es solariego del abad de San Martín de Escalada”. A finales del siglo XV la localidad de Ayoluengo pasa a la jurisdicción del valle de Sedano, que será traspasada al Marqués de Aguilar en el año 1480. Como datos curiosos que hacen referencia a la localidad de Ayoluengo se puede destacar que figura en el Catastro de Ensenada, que data del año 1752, y en el que se afirma que en esta localidad residían 17 nobles y tres pecheros; que la cuarta parte de los mismos sabía firmar, siendo el resto analfabetos, y es curioso también como relata la riqueza de la localidad: “llama la atención la abundancia de ovejas, 1.154; también eran poseedores de 179 cabras y de doce vacas…, un detalle que no disiente del elevado número de hidalgos que, por supuesto, no trabajaban”. Por otro lado, en Ayoluengo hay importantes puntos de acumulación de restos fósiles en buen estado de conservación, la mayoría de ellos pertenecen a la Era Secundaria. En la actualidad no es una localidad muy poblada, aunque durante el estío se multiplica el número de vecinos, y sus habitantes siguen viviendo de la agricultura.

 

Economía

Su principal actividad es la agricultura, aunque también destacan el campo petrolífero y la estación de energía eólica.

 

Datos demográficos

Para obtener datos de población actualizados puede consultar el Web del INE (Instituto Nacional de Estadística). Para consultar algunas estadísticas el código INE del municipio y el código de provincia pueden facilitar las búsquedas. El código de la provincia de Burgos es el ’09’ y el código del municipio de Ayoluengo es el ‘361’.

Evolución de la población desde 1842
Población en los últimos tres años en todos los nucleos poblacionales del municipio.

Buena parte de las entidades locales actuales fueron anteriormente municipios y en estos casos, el INE proporciona un histórico de población propio hasta el momento de integrarse en otro municipio. En el siguiente enlace encontrará los datos históricos de población de esta entidad local, pero tenga en cuenta que en algunos casos podrá no existir histórico o podrán aparecer otros municipios con nombres históricos coincidentes.

Evolución de la población de Ayoluengo desde 1842

 

Planeamiento urbanístico

La Junta de Castilla y León proporciona un servicio electrónico de acceso al Archivo de Planeamiento Urbanístico. Puede consultar directamente el archivo del municipio en el siguiente enlace:

Archivo de planeamiento urbanístico de Ayoluengo

AYOLUENGO DE LA LORA

(Publicado en el DIARIO DE BURGOS el 10 de mayo de 1987)

Tres capítulos, sobre todo, hacen grande a este pequeño pueblo burgalés. Aunque él no lo ha plantado, ni lo limpia, ni lo apagará, si se quema, se precia de tener un monte de hayas como no lo hay en el mundo (los hay más extensos y frondosos). Se ufana de haber dado a don Andrés Manjón un colaborador insigne y entusiasta, don Segundo Arce Manjón, que murió fusilado el 1936 con los obispos de Almería, Guadix y otro capellán de las Escuelas del Avemaría. Sabe que su nombre figura en los ficheros de empresas multinacionales desde que salió el oro negro en La Lora, porque esta explotación petrolífera se de­nomina «Campo de Ayoluengo».

Características del emplazamiento

Está situado el casco urbano en la cara Norte de una ladera rocosa, que le priva del sol matutino y no le defiende de ningún viento, ya que en la comarca los aires reinantes son el cierzo frío, poco fuerte, y el ga­llego, suave, lluvioso y no raras veces hiriente por sus ínfulas de hura­cán.

La demarcación territorial tiene forma elíptica con una longitud apro­ximada de tres kilómetros y medio en el eje mayor y dos en el menor, unas 700 hectáreas de superficie. El núcleo habitado figura con una alti­tud de 1.031 metros sobre el nivel del mar; muy cercano, en la ladera aludida se encuentra el vértice geodésico «Corral Nuevo» con 1.085.

La zona de cultivo, arenosa, se extiende en una vaguada, que va del Noroeste al Suroeste, en cuyo centro están las casas de los mora

dores y en otra segunda hacia el saliente, traspasada la «Peña». La parte boscosa ocupa predominantemente el Noreste, donde encontra­mos roble, encina y una extensión aproximada de 60 (sesenta) hectá­reas de haya, un 10 por ciento de la superficie total, en una ladera, que mira al Norte. Cuenta además con un pequeño pinar de unos cincuenta años y otro más joven y enclenque. Andan plantando un tercero.

Siempre tuvo este lugar problemas de abastecimiento de agua en los veranos y otoños secos. Hoy han resuelto el problema con el alum­bramiento ,de un pozo de cien metros de profundidad el 1979. Geológi­camente la zona es propicia para el almacenamiento de aguas subterrá­neas y de hecho la empresa petrolífera hizo un pozo de 200 (doscien­tos) metros con un caudal disponible muy abundante. Ha habido que esperar a nuestros días para que este mal secular tuviera remedio; dos pozos de escasa profundidad, con no demasiadas garantías sanitarias ni generosos en ofrecer el líquido elemento, paliaban el tormento de la sed estival y de los meses preinvernales.

Madoz, en su famoso diccionario impreso el 1847, afirma que por entonces se producían las patatas necesarias para el consumo, además de trigo, cebada y centeno. Ahora se mantienen la producción cerealis­ta, incrementada por los abonos químicos y un mejor laboreo de los campos gracias a la maquinaria. Las patatas han subido de rango; a principios de nuestro siglo descubrieron los valencianos la calidad de este producto de La Lora y venían a buscarla con interés y en cantidad, circunstancias ambas que encarecieron su precio en Ayoluengo, Val­deajos y Sargentes y estimularon a los agricultores a cultivarlas con mimo y prodigalidad.

La explotación ganadera, floreciente en otros tiempos y hasta fecha no lejana, ha decaído por completo. «Labrador y ganadero, labrador por entero», rezaba el antiguo dicho rural. Quizás las nuevas demandas rehabiliten esta riqueza, imposible de crear en las ciudades e imprescin­dible para la Humanidad. Persiste la estima de la apicultura, si bien sus resultados apenas rebasan los límites domésticos.

Para los amantes de la Paleontología advertimos que en Ayoluengo hay puntos donde las concentraciones de fósiles son notables y los la­bradores al remover sus fincas más de una vez descubren ejemplares de tamaño llamativo y estado de conservación magnífico. Pertenecen a la Era Secundaria.

Hasta casi nuestros días con los pueblos circunvecinos Ayoluengo se comunicaba a pie o con caballería por el monte, campo a través o malos caminos polvorientos y pedregosos. Ultimamente se asfaltó un ramal de casi tres kilómetros, que le abre paso a la carretera San Feli­ces-Basconcillos por Sargentes y Valdeajos. El trayecto más indicado para dirigirse a Burgos pasa por Sargentes y San Felices y prosigue por la carretera de Santander. Primero la diligencia y después el autobús, siempre quedaron lejanos, hoy los turismos acortan distancias y resuel­ven problemas de desplazamiento.

También a principio de esta década se instaló un teléfono público, automatizado en diciembre de 1986.

Evolución demográfica

Nunca ha sido Ayoluengo un lugar demográficamente importante y hoy se presenta con unos mínimos, que o se revitaliza o muere. Actual­mente son cuatro los vecinos o las casas, que pueden considerarse abiertas todo el año, dando cobijo a un total de 12 personas. En verano llegan a 40 residentes.

El mayor censo de población alcanzado por este lugar ha sido el de un ciento de habitantes, que se ha mantenido desde 1880 a 1940 con insignificantes variaciones. A partir de 1950 se observa una dirección descendente en la línea demográfica; en la década de los sesenta jus­tamente se ha reducido a la mitad el potencial humano y en la siguien­te, a la cuarta parte, ocho vecinos o 25 personas encontramos el año 1975.

Dando la vuelta a la moneda, tiene catalogados 81 emigrantes; 20 residen en Burgos, 22 en Vizcaya, 7 en Madrid, 3 en el extranjero y el resto desperdigados por la nación.

La cifra de Madoz (1847) nos ofrece poca credibilidad, 8 vecinos y 26 almas. Al unirse por decreto (1845) al Municipio de Sargentes, escri­be Gonzalo Martínez que contaba con 61 residentes. A mitad de siglo XVIII, el Catastro de Ensenada enumera con detalle 20 familias y 89 miembros.

El Visitador canónico, que levantó la correspondiente acta el 1709, reseña doce vecinos, que multiplicados por 4 no alcanzarían los cin­cuenta moradores.

Es curioso que Tomás González, en su censo de población extraído de unas relaciones enviadas a Felipe II por el arzobispo burgalés Vela el 1588, omita Ayoluengo, suponemos que será un error humano. Pode­mos subsanar la laguna recurriendo a los fondos documentales del Valle y Honor de Sedano, donde se reflejan varias matrículas de los pueblos integrantes de aquella organización; Ayoluengo fluctúa entre 14 y 12 vecinos desde 1595 a 1622.

Y todavía tenemos una referencia documental de principios del siglo XVI. Cierto amojonamiento entre los Concejos de Ayoluengo y Sargen­tes, realizado el 1511 incluye una carta de poder, en la que se nombran siete personas y de las que se dice «son todos los bezinos que al pre­sente ay en el dicho lugar o al menos de tres partes las dos», luego como máximo podría haber 10-11 vecinos.

Primeros datos históricos

Puestos a presumir la gente del lugar de Ayoluengo, repipi ella y dicha­rachera, nos llegan a mostrar lo que pudiera llamarse la partida de naci­miento o fe de vida en el siglo XII. (Enseñan fotocopia). Un pergamino, que conserva la Colegiata de S. Miguel de Aguilar de Campoo, consig­na la donación que hizo el Rey Alfonso VII al abad y religiosos del Mo­nasterio de San Martín de Escalada de los pueblos de Ayoluengo y Quintanilla Escalada.

La puerta de la iglesia es de corte románio o prerrománico, según algunos. Remacharía arquitectónicamente y artísticamente el testimonio descrito. La pila bautismal es del mismo estilo.

Un velo de silencio de unos doscientos años envuelve después la suerte de Ayoluengo. El Becerro de las Behetrías de Castilla (1352) afir­na que este lugar es solariego del abad de San Martín de Escalada (pa­saría a depender de la Colegiata de Aguilar al ser anexionado el 1541).

A fines del siglo XV hallambs a Ayoluengo en la jurisdicción del Valle y Honor de Sedano, traspasada al Marqués de Aguilar el 1480 por su señor el Conde de Cifuentes, Juan de Silva, hijo de Alonso de Silva, alférez de Juan II y casado con doña Isabel de Castañeda.

El archivo de Simancas conserva un seguro real a favor de Alonso Galán, vecino de Ayoluengo, que teme al Merino de la Honor de Seda- no, Rodrigo de Escalada, y un emplazamiento contra la citada autoridad por detención injusta del dicho Galán, sus hijos y fiadores. Ocurría el 1491.

Un canónigo de S. Martín de Escalada asentó en sus protocolos la cesión a medias de una vaca entre un vecino de Ayoluengo y un clérigo de Orbaneja el 1483 y la venta de una tierra a las «Revillas» el 1486.

Otras noticias a partir de 1500

Hemos hecho alusión en el apartado demográfico a cierto amojona­miento entre Ayoluengo y Sargentes de 1511 sobre’ «Rehoyal» y «Ro­bredo». Jueces imparciales en Sasamón resolvieron las quejas de ambos concejos y delimitaron los derechos de uno y otro referentes a pastos y otros aprovechamientos.

El apeo episcopal de 1516 pone a Ayoluengo en el arciprestazgo de La Rad. Dice que el santo titular es San Mamés.

El clérigo de Ayoluengo juntamente con otros de los alrededores aparece en el acta fundacional de la Cofradía de San Vicente, cuya regla guarda el archivo de Valdeajos, donde estaba erigida. Es el año 1564.

Los legajos del Valle y Honor de Sedano, al que pertenecía Ayo-luengo como va dicho, nos facilitan datos de un censo ganadero efec­tuado el 1613; según el cual nuestra aldea tendría 50 bueyes, 30 lecho­nes y 817 ovejas.

Somos del parecer de que la torre actual de la iglesia se construyó en la primera mitad del siglo XVII, si bien la bóveda del presbiterio pu­diera haberse edificado unos cien años antes. Una inscripción de la es­calera de subida al campanario dice esto: «Jhs. María. Año 1641. Esta obra la hizo Lucas Martínez, siendo Cura Juan González Manzanedo y trayeron los vecinos los acarretos de gracia».

El archivo parroquial da comienzo el 1614 con el libro de Bautismos y el de Finados, el 1615. Las actas de bodas más antiguas pertenecen al 1692 y las cuentas de Fábrica (Parroquia), al 1752; por otra parte hay lagunas, achacables quizás a la presencia de tropas durante la guerra civil.

El 1709 el Visitador Diocesano habla de una ermita dedicada a San Cristóbal. Otro personaje de la misma condición ratifica el 1738 el ante

rior testimonio e indica que el cura es puesto por los canónigos de San Martín de Escalada (entonces ya unido a Aguilar) y ordena, se haga el retablo para el altar mayor.

Aunque está deteriorado por la climatología y la incivilidad, en la plaza se contempla un hermoso escudo de hidalgo, que datamos como del siglo XVIII. Ignoramos a quién pudiera pertenecer. Sabemos que en 1724 probó hidalguía en Valladolid Jacinto López, vecino de Ayoluengo según nos dice Huidobro y el 1807 Francisco Manjón.

Del Catastro de Ensenada (1752) entresacamos la condición social del vecindario, 17 eran nobles y tres pecheros. Como dato cultural sa­bían firmar la cuarta parte. Llama la atención la abundancia de ovejas, 1.154, que poseían, 197 cabras y 12 vacas; el detalle no disiente del elevado número de hidalgos, los cuales se preciaban de no mancharse las manos con el trabajo; era la mentalidad de entonces.

Según el libro de tazmías la cosecha de los 19 diezmeros de 1800 sería ésta: 600 fanegas de cebada, 180 de morcajo o centeno, 120 de trigo, 90 de yeros y 22 de avena.

A la Junta de armamento y defensa hecha en Poza el 1836 se hacía un abono de cien reales. ¿Era carlista? Abono para la compostura del cementerio hallamos el 1837.

La desamortización extingue las dos capellanías fundadas en Ayo-luengo; si bien no hemos podido consultar los expedientes, quizás las subastas se hicieran antes de la guerra de la Independencia. Tres fane­gas de los Propios se venden en 1861; fueron compradas por un don Antonio Hidalgo.

Un lote de fincas de la Parroquia se enajenan e! 1856; no conoce­mos noticias de las del Beneficio o Curato. El citado don Antonio Hidal­go compró el 1880 las 216 fanegas de baldíos diseminadas por «La Lastra», donde había dos ermitas o humilladeros de Animas, «Valdevi­lioso y Robredo».

Aún cortadas a ras de suelo las hayas, robles y encinas, mientras no se arranque la raíz, vuelven a brotar. La actual crisis histórica de na­turaleza socioeconómica viene a ser casi una tala para la existencia de Ayoluengo. Sus moradores, hijos y amigos, personas de gran imagina­ción, están llamados a poner en marcha planes concretos, viables, con compromiso de estancia en el lugar con que se relance al futuro la hora presente.